• Martín Hernández

ASI SE VIVIÓ EL MEDIO MARATÓN DE LA CDMX

#Maratón #CDMX


Nada ni nadie frena el ímpetu de los corredores. Apenas son las seis y media de la mañana, pero el Paseo de la Reforma se ha convertido en una pista gigante. La música, que suena a lo lejos, se combina con el sonido de las pisadas.


La multitud se divide en grupos que se dan las últimas palabras de aliento y se toman fotos, siempre al borde la experiencia que supone correr durante 21 kilómetros en el Medio Maratón de la CDMX.


Las voces llegan en forma de murmullos. “Estoy emocionada, voy a disfrutar cada kilómetro, me acompaña mi familia, mis amigos. Lo que me motiva es esa sensación de disfrutar cada kilómetro, el apoyo de la gente cuando sale a las calles, al final el llegar a la meta es una gran satisfacción”, dice Cristina, una de las tantas corredoras que espera el momento de comenzar la carrera.


Hay otros, sin embargo, que realizan los ejercicios de calentamiento antes de irse en busca del grupo de salida. El Medio Maratón de la Ciudad de México reunió 20,000 corredores que llegaron desde toda la república. El amarillo rotundo de la Torre del Caballito atestigua un amanecer frenético. Más lejos, el Monumento a la Revolución y la Torre Latinoamericana dibujan una franja tan extensa como el propio recorrido.

El ambiente previo es de emoción, pero también de nerviosismo. “Estoy ansioso por empezar a correr, a disfrutarlo mucho, es mi primer Medio Maratón, vengo a disfrutarlo. Me motivan todas las horas de entrenamiento que hay detrás de esto, no nada más viene uno así, hay que estar todas las semanas, corriendo tres o cuatro veces por semana, requiere mucha tolerancia a la frustración, sentir que quieres parar pero igual sigues porque tienes tu objetivo. Hoy se recoge la medalla pero se trabaja durante todo el año”, dijo Luis Miguel Vargas, quien entrenó durante seis meses para este día.

La carreras multitudinarias a menudo se asemejan a un río cuyo cause suele ser incontenible, como el agua que brota de la Fuente del Bicentenario al momento que suena la cuenta regresiva y después el balazo de salida, que retumba por unos instantes y que luego cede terreno a las pisadas, como estampida, y a los gritos que llegan a los lejos de los familiares y amigos que con sus palabras son capaces de sumar kilómetros de aliento.


Y el recorrido empieza, por el Paseo de la Reforma, hay banderas mexicanas, y matracas, y hasta un Spiderman que a su paso genera el estruendo de la gente. La fila de corredores, por momentos interminable, avanza a paso firme. Para llegar a la meta, deberá hacer frente a una pendiente para luego perderse en la densidad del Bosque de Chapultepec.


La fila poco a poco se dispersa. La diferencia en la velocidad va separando a los corredores, pero hay algo que los mantiene unidos. Una vez superado el muro verde que suponen los árboles, nuevamente en Reforma, el Ángel de la Independencia ya espera con el puño en alto, en señal de victoria para todos aquellos que fueron capaces de vencer sus propios límites para llegar a la meta.


“Mi primer Maratón fue en 1995, lo que más nos mueve es la salud. Siempre tenemos que tener un propósito para correr, no nada más es salir y correr, lo que te da fuerzas es el propósito, lo que te hace llegar a la meta”, dice Beto, del grupo THT Running Club, a los pies del Ángel de la Independencia, una vez que ha culminado los 21 kilómetros.

Ahí, a su lado, se reúnen todos aquellos que terminaron el recorrido. Vuelven las fotos y las felicitaciones. El retomar el aliento, el recoger su medalla en forma de danzante. El caminar a sus destinos con el deber cumplido.



Fuente: ESTO

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