• José Antonio Moreno

ESTÁS BIEN


El frio recorría cada rincón de mi cuerpo, recién salía de trabajar y me dirigía a mi automóvil, estaba en un callejón a unas cuantas cuadras y era bastante tarde, el jefe había decidido que tendría que irme tarde ese día ya que faltaría mañana (tenía muchas cosas que hacer en la universidad) Me coloque mis audífonos y comencé a caminar abrazándome. Apresuraba mis pasos ya que me ponía muy nerviosa ir tan tarde por estas calles y entonces tropecé, el suelo estaba resbaloso, recién había llovido.

-Carajo. Me levante con cuidado limpiando mis pantalones y mire una pequeño raspón en mi mano derecha, siempre había sido muy torpe y este tipo de climas no ayudaban. Entonces al alzar la vista me encontré con un joven frente mío, me sobresalte e hice para atrás de inmediato.

-¿Estas bien?

-Lo estoy, gracias

Seguí caminando sin prestarle atención y el sencillamente se quedó ahí mirándome, mi corazón comenzó a acelerarse por lo cual mi respiración se fue agitando un poco más, podía sentir como iba caminando tras mío y al girar un poco mi vista pude verlo, mordí mi labio con fuerza y seguí firme pero veloz hasta que choque de nuevo con el ¿Cómo era posible? Volvió a repetir la misma pregunta “¿Estas bien?” y preferí evitarlo, comencé a correr alejándome de el pero cada que corría el volvía aparecer al frente provocando que me cayera y volviera a repetir la misma pregunta. Comenzaba a sofocarme y parecía que jamás llegaría a mi carro, seguía ahí, presente.

¿Estás bien? ¿Estás bien? ¿Estás bien? Resonaba en mi cabeza o al menos eso creía me pare en seco al llegar al callejón y mi mirada recorrió todo el lugar, no estaba mi auto, estaba yo sola y el al final del callejón. Comencé a retroceder entonces choque de nuevo con él y quede paralizada al sentir sus manos frías tomarme por los hombros

-¡SUELTAME! – Lo empuje pero no se movió ni un poco y corrí como jamás lo había hecho, no sabía a donde iba, no sabía cómo desaparecer, no sabía que quería de mí. Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas y de nuevo pare dejándome caer al suelo, me hice volita y podía sentir como él se acercaba cada vez más a mí, era el fin o al menos eso pensaba. No podía dejar de escuchar a mi corazón, iba a salirse de mi pecho y cada paso que el daba hacia mi parecía eterno, el tiempo se detuvo y pude escuchar solo mi respiración, él se seguía acercando.

-Tranquila, tranquila- Susurraba con mucho trabajo de mí para mí, el miedo me había inundado y justo cuando se paró frente mío me levanto bruscamente del suelo, me miro a los ojos y volvió a decirlo “¿Estas bien?” Me desquicie, trate de soltarme pero era más fuerte que yo y no dejaba de repetirlo, no dejaba de hacer la pregunta.

-¡NO! ¡NO ESTOY BIEN! – Entonces el sonrió y me apretó fuerte de los hombros, el dolor fue insoportable tan insoportable que me hizo despertar.

-Ah… es todo un sueño – Pero al mirar hacia la puerta de mi habitación se escuchó esa pregunta “¿Estas bien?”

¿Y tú estás bien?

Manda un mail con tu opinión a evamoncluth@gmail.com para ponerme a pensar.


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